Archive for the ‘general’ Category

 
Sep
26
Posted (feilfer) in Artículos, general on September-26-2007

mana.jpgLa música latina día con día va creciendo dentro de la industria musical, y esto se deja ver en la importancia que artistas internacionales como lo es el caso de la canadiense Nelly Furtado y la estadounidense Beyonce, quienes han decidido llevar a cabo un álbum completamente en español, con el objetivo de darse inmersos en este mercado, demostrando la importancia que tiene este.

Recientemente el artista Will.I.Am dio a conocer el interés que tiene de grabar un tema a dúo con la agrupación mexicana Maná, argumentando que le gusta el estilo de la música latina, ya habiendo trabajado con dos artistas del medio como lo son el colombiano Juanes en la versión remix del tema La paga, y con el reggaetonero boricua Daddy Yankee, en el tema Plane to PR, perteneciente al nuevo álbum del artista puertorriqueño.  Esto nos demuestra que el mercado latino es bastante influyente dentro del medio, al verse la importancia que los artistas extranjeros tienen sobre el mismo.



 
Sep
26
Posted (hacker2911) in Articulos, Descargas, Linux, RapidShare, Utilidades, diseño, general on September-26-2007
Esta última versión de Nero es todo un acierto, por fin digno de la excelente versión para Windows. Pone a disposición de la comunidad GNU/Linux toda la potencia de su tecnología de grabación, con...

Blogs de LuChOeDu: WwW.LuChOeDu.OrG - WwW.ElGeeK.Info


 
Sep
25
Posted (LordMokuba) in general on September-25-2007
para las personas que quieren archivos ya.. que no les gusta desperdicias nada de su conexion este es el programa adeacuado..

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Sep
25
Posted (LordMokuba) in general on September-25-2007
si necesitas velocidad calidad en el envio de archivos por FTP creo esta es una de las mejores opciones que puedes encontrar en el mercado .. aqui lo puedes encontrar para la comunidad luchoedu.

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Sep
13
Posted (feilfer) in Conciertos, general on September-13-2007

multiple-concierto2.jpgEste próximo 26 de octubre, el popular recinto del Coliseo José Miguel Agrelot de Puerto Rico, será testigo de un múltiple concierto de estrellas, donde se darán cita varios famosos para presentarse en el mismo escenario y el mismo día.  Entre los artistas que participarán en dicho evento se pueden mencionar a Juanes, Olga Tañón, Gloria Trevi, entre otros.

En dicho evento, cada uno de los artistas estará presentando a los asistentes sus propuestas más recientes, como lo es el caso de Juanes que promociona su album La vida es un ratico, así como también Gloria Trevi, que promociona La Rosa Blue, su más reciente material discográfico de estudio.



 
Sep
10
Posted (Administrador) in Golasos, Jugadas de Futbol, Videos Mix, general on September-10-2007

un video con los mejores goles y regates del mundo, ay algunos q son una verdadera pasadaa!!



 
Aug
05
Posted (Pedro el malo) in Somoza, consignas, contra, general, nueve on August-5-2007
aquellos tiempones

Suele decirse que una imagen expresa más que mil palabras, sin embargo en este caso, esa seis palabras que dan título a este post dicen sobre la historia reciente de Nicaragua muchas cosas más que aquellas que podrían decirle mil imágenes. Sobre esa frase, tan simple como un anillo, y el contexto en que ella surgiera, bien podría dictarse un curso de un semestre de historia o, sin exagerar le aseguro, bien podría escribirse un libro de mil páginas y el tema aún no estaría agotado. Déjeme contarle un poco más.

La frase “el que no brinque es contra” fue una consigna utilizada con muchísima frecuencia en las manifestaciones populares que se producían en Nicaragua en la década de los años ochenta del siglo pasado. No tengo la menor idea de cuándo habrá empezado a usarse, pero sí se que fue en una manifestación en Managua en 1986, cuando yo le preste atención por primera vez. Lo recuerdo bien porque esa tarde estaba en compañía de la bella e impenetrable Cecilia -quien nunca me paró bola y de quien más adelante en este blog les contaré- y hablamos del efecto que la consigna producía en la gente, haciendo a cada uno saltar hasta el cansancio cada vez que su grupito la coreaba. La frase no es nada original -en realidad fueron pocas las frases originales en la revolución sandinista- y yo sabía que era utilizada en Suramérica por los partidarios de los equipos de futbol en los estadios, sólo que en vez de utilizar la palabra “contra” usaban el nombre -o el apodo o la palabra denigrante- de los partidarios del equipo contrario. Yo lo sabía porque una vez en un programa del gordo Porcel, el cómico argentino, había escuchado la frasecita.


La consigna -todas en general y esta en particular- era un instrumento que servía para darle cohesión al grupo, su repetición creaba un lazo entre sus miembros y reforzaba el sentimiento de pertenencia a un grupo. Era esta una consigna divertida, alegre, jodedora como el pueblo nica y cada vez que el grupo saltaba los unos se reían de los otros viendo el esfuerzo de cada cual al saltar, pero sobre todo, los unos se reía con los otros y el sentimiento de camaradería se veía de este modo fortalecido.


A las manifestaciones masivas que entonces se realizaban, la gente no iba únicamente porque simpatizara con los sandinistas y quisiera oir los largos, monótonos y aburridos discursos de los comandantes, se iba también porque no había muchas más cosas que hacer, porque era divertido, porque salías de la rutina, porque podías ver muchachas o muchachos y podías por un momento olvidarte de la dura vida que estabas viviendo. La manifestación era una fiesta, era el circo que completaba el poco pan que el pueblo tenía.


Uno usualmente no iba solo a las manifestaciones, íbas casi siempre con alguien, que podía ser tu vecina o tu grupo de clases de la universidad o tus colegas del trabajo o la gente combativa de tu barrio. La gran concentración no era pues una suma de individualidades sino la suma de una gran cantidad de grupos y grupitos con su propia “grupalidad”, que sería algo así como la personalidad del grupo. Si habías acudido a la manifestación por tu cuenta, solito, te sentías un animal raro y rápidamente te buscabas un grupo “abierto” -pues también los había “cerrados”- que te acogía en su seno y en el que la pasabas pijudo. Al final de la manifestación seguramente habrías hecho nuevas amistades y con suerte tenías una invitación a alguna fiesta. La consigna se lucraba de la necesidad que se tiene de pertenecer a un grupo y el pánico que la gente tiene a la soledad.


Tenía pues la consigna un efecto cohesionante, saltando la gente se pegaba la una con la otra, Este era un lado de la moneda, el lado amable, el lado bueno, pero había un otro lado, el lado tétrico, negativo, feo: la consigna tenía también un efecto de exclusión, divisorio, atrayendo a tu círculo a los tuyos y alienando a los otros, dejándolos fuera. Afuera quedaba el que no brincaba y el que no brincaba, como hemos visto, era un “contra”, la peor clase de gente según los estándares revolucionarios, que había que aplastar como se aplasta una alimaña. Si la consigna se hubiese quedado en las plazas en las que las manifestaciones se producían no habría habido problemas, pero la consigna trascendió y se convirtió en un lema omnipresente y ocupó todos los espacios de la sociedad y allá vos tenías que brincar o eras un “contra”.


Brincar, más allá de los espacios de las manifestaciones, en la vida diaria, no era el acto físico de impulsarte hacia arriba y dejar el suelo por un momento, significaba que seguías los lineamientos que llegaban “de arriba” y cumplías con las tareas revolucionarias que de vos se esperaban. Era someterse, despersonalizarse, subordinarse, plegarse, ser de los míos, “estar conmigo”. El que está conmigo goza de mi protección de mi favor, el otro, el de afuera, el que no está conmigo, el que no brinca pues, el contra, ese que Dios lo guarde porque habrá de saber cuán larga es la hoja de mi bayoneta.


Esa manera de ver el mundo en blanco y negro, de percibir a unos -los que te siguen- como buenos y a otros -los que te adversan- como malos, no fue una invención del sandinismo. Ese modo de excluir al otro, al que no está de acuerdo con vos, al que tiene una opinión diferente y mira las cosas de otro modo, de no dejar espacios de actuación a aquel que no te obedece servilmente, se utilizaba ya desde tiempos inmemoriales en Nicaragua. Somoza perfeccionó la exclusión, la polarización, porque fue el primer gobernante en contar con un ejército nacional, único y tenía entonces la fuerza para hacerlo. Los sandinistas llevaron ese malvado “arte” de la exclusión a su máxima expresión y para ellos “el que no está conmigo contra mí está” adquirió un carácter axiomático y la sociedad se polarizó como nunca antes. Que así haya sido y no de otro modo fue una lástima para un país que ansiaba cambiar para mejorar y dejar de ser la primitiva agrupación humana en que se había convertido bajo la dictadura de Somoza. Pero los comandantes eran el producto nada más de la sociedad en que nacieron y se criaron y no eran ni fueron capaces de trascender. La tarea de dirigir la construcción de una nueva sociedad les quedó demasiado grande. En su caso, el dicho de mi amigo Pablo Salazar “el chancho es como lo crían” nunca fue más cierto. Las perlas no son para los cerdos, dice la biblia y ya ves, otra vez la vida le da la razón.



 
Nov
19
Posted (Pedro el malo) in caribe, general, otros tiempos on November-19-2006
Párrafo a párrafo, como quien va raspando la olla del gallopinto voy raspando yo la olla de mis recuerdos y voy escribiendo mis memorias, para que dentro de quince o veinte años mis dos pequeñas hijas puedan saber sobre su padre de fuente primaria pues uno nunca sabe qué le va a ocurrir y no me gusta la idea de caer muerto de pronto, de un infarto o porque un rayo me partió y dejar a mis hijas sin información sobre esa parte de ellas que soy yo. Eso sería de muy mala educación y muy desconsiderado. Ellas tienen todo el derecho de conocer su pre-historia y mejor se las cuento yo y no que vengan otras personas a contarles sabrá dios qué cosa y a hacerles sabrá dios qué interpretación de mi vida y mis actos. De esas memorias estoy sacando para publicarlas en este blog, aquellas cosas menos intimas, cosas que podría contar en una mesa de tragos sin apenarme o apenar al oyente. Las memorias y este blog también, son un recuento personal en el que muestro la imagen que de la vida y sus cosas, de gentes y de lugares, he ido obteniendo mirando a través de la pequeña rendija que a mí me ha tocado en suerte. No escribo aquí un tratado histórico, sociológico o antropológico y las cosas que les voy contando son producto de la observación vulgar, es decir: no-científica. Le cuento todo esto para que no nos enredemos ni usted ni yo y no pensemos que esto es otra cosa y empecemos a hacernos exigencias. A mí mismo se me olvida a veces y me quedo trabado, como ahora que me he pasado tres semanas escribiendo para ustedes una cosa demasiado seria, demasiado complicada y aburrida, que al final he guardado para usarla para otros menesteres alguna otra vez, si la ocasión se presentara. Así que le ruego me disculpe si no he cumplido con mi obligación de publicar cada domingo un nuevo post. Sí, yo se que usted no me paga y no espera que yo cumpla, pero compromiso es compromiso y a eso me he comprometido. Sigamos.

En alguna otra ocasión les contaré sobre el proceso histórico que fue diferenciando a la región del litoral Pacífico y del centro de Nicaragua de aquella inmensa región que se extiende hacia el Este hasta llegar al Mar Caribe. Les contaré entonces cómo la influencia del pasado indígena propio de cada región en combinación con la influencia española —en el Oeste—, nor-europea y africana —en el Este—, dio como resultado en un proceso de siglos, dos pueblos completamente diferentes. Hoy quiero contarle otras cosas.

En un post anterior les decía que los nueve comandantes de la revolución no eran ni muy inteligentes ni muy instruidos y analizaban la realidad desde rígidos manuales comunistas soviéticos que seguían al pie de la letra aplicándolos a la realidad como se aplica una camisa de fuerza. Por eso no es de sorprender que su interpretación fuese con mucha frecuencia disparatada y cuando se lee las cosas que dijeron o escribieron sobre Nicaragua, su historia y el agro —entre otras mil cosas sobre las que opinaban— da la impresión que están hablando de otro país y de otras gentes.

[Cada vez que leo documentos de aquella época, noticias, discursos y entrevistas y caigo en la cuenta de la enorme ignorancia de la Dirección Nacional del FSLN y de su alejamiento de la realidad del país de carne y hueso, me pregunto de nuevo cómo fue que entonces no fuimos capaces de detenerlos y desenmascararlos como impostores y de nuevo me respondo que en aquel entonces estábamos enamorados de ellos ciegamente, del mismo modo que se enamoran las muchachitas quinceañeras y no veíamos sus errores. La gran mayoría tampoco entendía muy bien en aquel momento el país en que nos tocó nacer y no percibían los errores. Otros podían ver los errores pero no decían nada porque encima estaba el yanqui haciendo la guerra y no era el momento de distraer las fuerzas señalando errores y pensaban quizás que el momento llegaría alguna vez. Otros más señalaban las grandes fallas, hacían propuestas y criticaban pero estos eran purgados sin piedad. En la época sandinista la dirección del fsln concentraba todo el poder y los cuadros intermedios y las bases sólo debían ejecutar los lineamientos que llegaban de arriba, aquel que no obedecía era apartado. La revolución era como un tren, o te subías, o te apartabas porque si te le ponías enfrente intentando detenerlo, te pasaba por encima.]

Si la visión que la dirección del frente tenía de la Nicaragua del Oeste y del centro estaba completamente alejada de la realidad, hablando de clases sociales y relaciones de producción inexistentes —para mencionar nada más que un par de errores—, la visión que del caribe tenían era aún más traída de los pelos. Marx no estudió nunca el tipo de sociedad que en el Caribe se produce ni nada por el estilo y los manuales soviéticos no analizan tampoco nada parecido a esos pueblos que allá existen, sus relaciones, sus modos de producir y sus modos de vida. Los sandinistas llegaron a la costa con un vacío teórico y metodológico y un saco lleno de prejuicios. Cuando se referían a la Costa Atlántica (nunca descubrieron la existencia del Mar Caribe) la llamaban “un gigante que despierta” porque consideraban que esa enorme región estaba en realidad “dormida”, esto es, atrasada, quedada, abandonada, haraganeando. Los comandantes, y los sandinistas en general, consideraban en un inicio que esa parte del país debía ser incorporada a la más avanzada mitad oeste y copiar de ésta su dinamismo. No fueron capaces de percibir —aunque ocurren a plena luz y son visibles al ojo desnudo— la multitud de procesos productivos que en la costa tienen lugar, la complejidad de los procesos sociales en movimiento y la enorme madeja de relaciones de todo tipo que los habitantes establecen. Los sandinistas se apegaron a los prejuicios que en el Pacífico se tienen sobre la costa Este y no pudieron por ello entenderla y por eso todas sus políticas estaban condenadas al fracaso y fracasaron. Para ellos, la costa era nada más que un inmenso territorio poblado por indios ignorantes viviendo en la edad de piedra y negros haraganes buenos para nada, que debían ser civilizados e integrados en la vida “nacional”. Porque pensaban de este modo enviaron hacia allá contingentes de ocupación compuestos por miembros del partido sandinista de tercera y cuarta categoría junto a unidades del ejército y de la Seguridad del Estado, para imponer ideas y nuevas maneras de relacionarse, en lugar de establecer vías de comunicación con los habitantes autóctonos e insertarse en la dinámica de la sociedad. De un día para el otro el español fue impuesto en la práctica como la lengua oficial —los sandinistas no hablaban ni aprendieron nunca otra lengua— en una región donde el español se habla mal y a desgana y la gente se comunica en otras lenguas bien adaptadas, tras siglos de uso, a los modos de vida de la gente. Para mencionar sólo unos pocos ejemplos: en mískito y sumo, las lenguas más habladas, no existen palabras para “revolución”, “comandante” o “imperialismo”, ni existe el concepto detrás de estas palabras. Del otro lado, el español es insuficiente para nombrar la enorme multitud de cosas propias del lugar que las lenguas locales sí pueden nombrar.

Una vez ido el dictador Somoza, la Costa abrió sus brazos, su corazón y su mente a su hermana del Oeste y buscó ansiosa la integración. También la Costa, como el resto del país, creyó en los sandinistas y recibió su ascenso al poder complacida. Habrán visto quizás los costeños en la revolución una oportunidad de equilibrar las relaciones con su hermana siamesa que hasta entonces lo único que había hecho era extraer los recursos mineros, madereros, pesqueros y vaya usted a saber sin dar mucho a cambio. Los costeños saben entonces que —al menos en ese momento— romper el vínculo con la hermana siamesa es muy difícil y sólo les queda sacar el mejor partido. Que no le cuenten a usted cuentos, el “separatismo” de los costeños surge con el sandinismo, la tentación y las ganas de cortar el vínculo y empezar desde cero con un pedazo de territorio aún rico y sin deuda externa sólo empieza a considerarse seriamente y sólo en ciertos círculos con la llegada del sandinismo, como una reacción a éste y no antes.

Como en la Costa Caribe no había habido guerra y la presencia “somocista” (la Guardia Nacional y unos pocos funcionarios de nivel medio y bajo) había sido muy reducida, cuando Somoza se va la revolución encuentra intacta toda la estructura social y productiva de la región. Aquí no había pasado nada y sólo era cuestión de dejar las cosas seguir su curso, empezar a distribuir los excedentes de manera más equitativa, re-invirtiendo en lo social y en lo económico y se habría tenido una región vibrante, dinámica, un motor —no el único pero sí uno importante— para echar a andar toda la economía nacional. En lugar de eso, en su profunda torpeza el sandinismo, para decirlo de algún modo, echó arena en el engranaje de una maquinaria poderosa que funcionaba bien y echó arena en el ojo de la hermana.

Quizás recordarán ustedes un hecho emblemático de lo que estaba ocurriendo en el país y con el país, bien porque lo vieron o porque alguien les habrá contado. En los primeros meses que siguieron al derrocamiento de Somoza, allá, en los predios de la Hacienda “El Retiro” que había pertenecido al dictador y predios aledaños a esta hacienda, fueron acumulándose los restos de centenares de vehículos que habían sido estrellados contra otros vehículos, árboles, paredones, carretas, semovientes o personas. Eran los vehículos que aquellos que se fueron habían dejado en su huida y habían sido “recuperados” por los “compas” sandinistas, que sin saber manejar se ponían al timón y por supuesto se estrellaban. Cada día llegaban nuevos restos a juntarse con los existentes y cuando uno —alguien curioso como yo— se aproximaba y los examinaba de cerca, podía ver la sangre fresca aún y otros restos orgánicos entre los retorcidos hierros. Cada ciudad del país tenía su propio montoncito, expuesto al ojo de quién quisiera apreciarlo y mostrado casi con orgullo. Era claro que los sandinistas no sabían manejar, luego fue quedando claro también que no estaban dispuestos a prestar el timón o a tomar un curso de manejo.

Si eso estaba ocurriendo con los vehículos en la mitad Oeste, en la otra mitad, gente que nunca había trabajado en sus vidas —que había sido puesta a dirigir empresas por el sólo mérito de ser sandinista— iba destruyendo alegremente la base productiva de la región, acabando con los medios de vida de la gente y arrojando al desempleo a cientos de cabezas de familia. Casí cada día una nueva empresa iba a la bancarrota, a formar parte del montón de hierros inservibles. Años después, vehículos y empresas de todo el país serían vendidos como chatarra —a una fracción ínfima de su valor— y transportados a El Salvador encima de enormes rastras que terminarían de arruinar las carreteras.

[Continuará, por supuesto]



 
Oct
29
Posted (Pedro el malo) in general on October-29-2006
El tiempo pasa...

Mi buen amigo Antonio que vive en Costa Rica me regaló hace algunos años un cd de Pablo Milanés y Víctor Manuel. Hasta ahora sólo lo había oído unas cuantas veces, pero hace unos días convertí las canciones al formato mp3 y las puse en uno de esos aparatitos que reproducen ese formato. Hoy, mientras paseaba el perro me puse a escuchar esas canciones que junto a otras muchas de otros muchos autores sirvieron de telón de fondo a la revolución en aquellos tiempones y tengo que confesar a ustedes que me agarró melancolía y se me salieron un par de lágrimas. Por suerte para mi máscara de duro, en ese momento llovía y nadie puso darse cuenta que eso que se veía deslizándose por mi rostro no eran gotas de lluvia, sino lágrimas que salían desde el fondo de mi corazón suavizado por esas notas que tan buenos y dulces recuerdos traen a mi memoria. Escuchar una tras de otra esas quince o dieciséis canciones fueron un ejercicio de pura catarsis. Voy a explicarle o intentar explicarle como es esto.

Si bien la revolución sandinista fue para mucha gente una desgracia, si mucha gente la pasó muy mal, si hubo miles de muertos y las vidas de muchas gentes fueron destruidas o cambiadas profundamente, hubo otras muchas personas para quienes estos años fueron los mejores de sus vidas y los únicos años de sus pequeñas existencias en que tuvieron verdaderas ganas de vivir. No estoy siendo cínico, no estoy refiriéndome aquí a los vividores, a los que medraron a la sombra del poder, ni a los piñateros ni a los arribistas ni nada por el estilo. Estoy hablando de gente como usted y como yo, gente honesta y bien intencionada que en aquellos primeros tiempos apoyaron la revolución y deseaban un cambio en Nicaragua en favor de los humildes, un cambio, que usted estará de acuerdo conmigo, era muy justo y muy necesario.

Para mí personalmente, estos fueron años muy hermosos pero fueron también por muchas razones años muy difíciles y aunque tuve siempre la puerta abierta para salir, no lo hice, no me fui como bien podría fácilmente haber hecho. Mi vida siempre ha sido mía y siempre la he vivido como se me ha dado la gana y aquellos años de revolución no fueron la excepción. Yo quería revolución y si mordí el leño fue por mi gusto, si me fui al monte a realizar las más humildes labores de la revolución fue por decisión propia. Si fui soldado y me dejé dar órdenes de jefes a quienes sólo les faltaba un grado para ser retardados fue por mi gusto, porque yo pensaba que eso era necesario para el bien común, para hacer la revolución y ¿sabe usted? Yo no estaba solo en esto, no era el único en esas condiciones, yo no era excepcional. Ahora mismo, alrededor suyo andan por ahí cuarentones o cincuentones que entonces eran muchachos y muchachas que no pensaban en su propia vida, que no tenían sueños para sí sino para el pueblo, para los pobres y estaban dispuestos a todo para convertir sus sueños en realidad.

Mire usted —y si es usted danielista agárrese—, la única diferencia entre el que esto escribe y muchos de los así llamados “héroes y mártires” de los sandinistas es que aquellos se murieron y yo estoy vivo, escribiendo este post y este blog y tratando de explicarle a nombre de ellos por qué creo yo que lo peor que puede pasarle a Nicaragua es que Daniel Ortega gane las elecciones.

Así es, se lo repito, la diferencia fundamental entre un montón de esos muchachos que murieron por la revolución y yo es que ellos, lamentablemente para ellos, se murieron y yo sobreviví. Yo conocí a muchos de ellos y eran muchachos y muchachas comunes y corrientes, con los mismos sueños que todos teníamos entonces. Básicamente eran como usted y como yo éramos a esa edad. Si no me lo cree pregúntele a la madre de alguno de esos muchachos.

Que haya yo sobrevivido y no ellos es sólo una cuestión de suerte, ellos sacaron el número premiado, yo no. Probablemente eran ellos más puros que yo, mas buena gente que yo, pero yo, como ellos andaba dispuesto a dar la vida por aquellas ideas que entonces teníamos.

Por eso, esta noche cuando escuchaba esas canciones de Pablo Milanés que entonces cantábamos y coreábamos como cantábamos a Silvio Rodriguez y Mercedes Sosa, recordé aquellos tiempos, recordé gente que se murió y otros que aún andan por ahí y me dio mucha tristeza pensar en tanta energía que la juventud puso, tantos buenos sentimientos, tantas ganas de cambiar las cosas, tanta vida entregada en sacrificio a una causa que era entonces justa.

Aquellas canciones nos acompañaban siempre, nos animaban a seguir, nos emocionaban, nos hacían pensar en nuestros amores, nos hacían soñar despiertos un mundo mejor y saber que estábamos trabajando para conseguir ese mejor mundo era nuestra gran satisfacción. Las cantábamos cuando íbamos a las plazas a las manifestaciones, cuando nos movilizábamos en la reserva, cuando íbamos a cortar café. Eran canciones que nos lavaban el cerebro pensará usted y a lo mejor tiene usted razón, pero como sea, eran nuestras canciones y sacaban nuestras emociones y daban cohesión al grupo. Cantabas y estabas con tu gente y eras feliz.

Nosotros, esos jóvenes que hacíamos la revolución allá abajo, en la llanura, éramos la cara pura y buena de la revolución, éramos el sentimiento y la pasión, éramos realmente la revolución. En esto no tenía nada que ver Daniel Ortega, éste y los otros ocho enanitos eran demasiado pequeños y mezquinos para hacer la revolución que ellos mismos proponían. La juventud y la gran mayoría del pueblo estuvo a la altura de las exigencias, ellos no y mientras los jóvenes se entregaban en sacrificio empujados por las ideas revolucionarias, ellos sólo podían hacer las pequeñas cosas que hacen los mezquinos como violar a sus hijastras, abusar de sus secretarias y sus empleadas domésticas y gastarse la plata del pueblo en lujos que antes nunca pudieron darse. Con sus acciones, estos nueve enanitos se pasearon en la revolución. Por eso, aquellos jóvenes revolucionarios de entonces no votarán hoy por Daniel y los que se murieron, si estuvieran vivos, no votarían tampoco por Daniel.

Los "heroes y mártires" de la revolución se estremecerían seguramente en sus tumbas de disgusto si Daniel Ortega regresara al sillín presidencial.

¿Y ahora para qué querés mi voto Daniel Ortega? Ya tuviste tu chance, ya mostraste tu rostro, ya vimos que este puesto te queda demasiado grande, ahora, ¿qué más querés? ¿Más muertos? ¿Más vidas jóvenes? ¿Para qué?




 
Oct
27
Posted (Pedro el malo) in caribe, general, otros tiempos on October-27-2006

[Aún no llego adonde quiero llegar. Tenga un poco de paciencia que esta serie me está costando trabajo: es un parto difícil]

Con el paso de los años y a medida que fui conociendo el Caribe más profundamente, aquella sensación primera y totalmente ingenua de estar en otro país fue convirtiéndose en convicción plena, madura y bien informada. Al estudiar detenidamente la historia de la región llegaría finalmente a entender como fue que aquellas dos grandes regiones que conforman el territorio del actual estado nicaragüense fueron tomando diferentes caminos y fueron constituyendo entidades completamente diferenciadas y autónomas. Con el tiempo entendería que en el centro de lo que hoy conocemos como Nicaragua, en algún lugar imposible de rastrear, existe una frontera invisible, una línea divisoria que sube hacia el Norte por el Este de los grandes lagos, dividiendo el territorio en dos mitades y separando a dos países enteramente diferentes, que han sido unidos a la fuerza para intentar constituir con ellos, sin éxito, un solo cuerpo, una sola nación. En un proceso de siglos, la Costa Caribe y el litoral Pacífico llegaron a ser como un par de hermanas siamesas, esos gemelos que por un error en su desarrollo embrionario nacen atados el uno al otro, conectados por un pedazo de cartílago o hueso, compartiendo con frecuencia órganos vitales y que aún siendo dos personas diferentes, están condenados a formar un sólo cuerpo de una manera artificial. A veces, la ruptura del lazo que los une puede ser fácilmente realizada por el cirujano y los gemelos pueden vivir separados, cada cual por su lado, como corresponde a dos personas distintas; otras veces, la unión de los siameses es tan complicada, las ataduras tan intrincadas o la dependencia de uno al otro gemelo tan fuerte que la separación significaría la muerte de uno o de ambos gemelos.

Podríamos viajar muy hacia atrás en el tiempo y decir que la diferenciación del Caribe y del Pacífico empezó a producirse desde el momento mismo de la creación divina, pero yo no creo en esas cosas y me parece además que no es necesario ir tan lejos. La conquista por la corona española de los inmensos territorios del “nuevo” continente “descubierto” por Colón, marca para América Latina y en particular para Nicaragua un punto de inflexión, el acontecimiento que habría de definir su historia. Sin exageración puede decirse que la llegada de los españoles constituye para América, efectivamente, el momento de la creación. Termina ahí todo lo anterior, lo que sea que ello fuese, y empieza una época nueva en que se recoge aquello que ha quedado en pie de los tiempos anteriores y se junta con las cosas que allende los mares han llegado. La creación de la Nicaragua de hoy empieza entonces a producirse, los caminos diferentes seguidos por el Caribe y el Pacífico empiezan entonces a delinearse y a transitarse. [Más adelante le cuento esto de nuevo y se lo cuento mejor]

Cuando los españoles llegaron por fin a la conquista de Nicaragua desde el Norte y desde el Sur, dos décadas después del primer contacto y tres desde el “descubrimiento”, concentraron sus operaciones en el territorio que se encuentra en la mitad Oeste del país. La escogencia no fue casual, era a este lado del país que se encontraban las mayores concentraciones de población y los diferentes pueblos que habitaban la región mostraban un alto grado de desarrollo. Recuérdese que los españoles estaban interesados en un principio en la riqueza ya realizada, esto es, metales y piedras preciosas trabajadas en la forma de objetos ornamentales y ceremoniales y de eso había buena cantidad. Una vez que esta riqueza era apropiada, embalada, subida en un barco y despachada a la metrópoli al otro lado del Atlántico, la otra fuente de riqueza la constituía la mano de obra, capaz de producir riqueza. El litoral pacífico y el centro-norte del país, por su alta concentración de población y la sofisticación de sus modos de vida constituyeron la fuente de mano de obra que los españoles necesitaban para extraer los metales que les eran tan preciados y producir los bienes necesarios para la vida.

Existen a lo largo y ancho de toda Latinoamérica multitud de territorios y grupos de población que los españoles no sometieron nunca y no incorporaron —o incorporaron a medias— en el nuevo orden de cosas que fueron estableciendo. No tuvieron los españoles el tiempo suficiente, la energía suficiente o la suficiente necesidad para hacerlo y no lo hicieron. En muchos casos, los descendientes de aquellos españoles tampoco pudieron dominar e incorporar esos territorios a los estados nacionales que se crearon cuando las colonias se hicieron independientes. La Costa Caribe nicaragüense es uno de esos territorios.

Aquel inmenso territorio que se extendía hacia el Este no tenía para los españoles de los primeros tiempos ningún atractivo. No había ninguna riqueza allá, los pequeños grupos dispersos de población que la habitaban vivían en las más terribles condiciones, muriendo como moscas por las enfermedades y el capricho de los elementos y no se tenía noticia que hubieran allá yacimientos de oro o plata u otras fuentes de riqueza. No había nada que justificase adentrarse en ese agreste territorio, lleno de fieras, serpientes y lagartos al acecho y exponerse a la furia del inconstante clima, a las lluvias torrenciales y a las enfermedades, en una geografía inhumana, sin caminos porque los caminos se cerraban apenas abiertos, de selvas impenetrables donde ni siquiera los rayos del sol podían entrar y donde quedabas expuesto a la horrible tristeza que según algunos que habían sobrevivido en la selva, te atacaba cada noche y te hacía sentir pequeñito y abandonado y te hacía llorar como un niño de pecho.

En Mayo de 1992, subido en una moto Honda 185 viajé a toda velocidad por la recién abierta trocha —el polvo de los últimos tractores no se asentaba aún— que conectaba la Colonia Naciones Unidas en el municipio de Nueva Guinea con la ciudad de Bluefields. A todo lo largo del viaje por aquel paisaje de ensueño fui deteniéndome constantemente para contemplar la geografía de esa región indomable que al fin permitía el paso por tierra a visitantes del Oeste, luego de 500 años de resistencia. Aquella noche, de regreso ya en Nueva Guinea me fue difícil conciliar el sueño después de haber recorrido de ida y de vuelta y en un mismo día los últimos ochenta kilómetros que le faltaban a los españoles para completar, después de cinco siglos, la conquista y tener acceso finalmente a todo el territorio.

Continuará...



 
Oct
13
Posted (Pedro el malo) in caribe, general, otros tiempos on October-13-2006



[En esta serie quiero referirme a la así llamada Costa Atlántica de Nicaragua (en realidad deberia llamársele Costa Caribe), su relación histórica con el litoral del Pacífico y el trato que los sandinistas le dieron en los años de revolución]

La primera cosa que pensé, al desembarcar en el muelle de Bluefields aquella tarde de 1976 fue que había dejado Nicaragua y estaba arribando a un otro país. El aire trayéndome deliciosos aromas que por primera vez percibía y no sabía interpretar, aquellas lenguas tan extrañas para mí que esa gente alegre, despreocupada y ruidosa usaba para comunicarse entre sí, la música y los otros sonidos, la arquitectura, la geografía, en fin, cada cosa que iba viendo, oyendo, sintiendo, me decía que esto no era Nicaragua, que este era otro país y otra gente. Yo era para entonces nada más que un joven de dieciséis o diecisiete años, sin mucha experiencia de la vida, haciendo un viaje escolar en el último año del bachillerato, que no sabía muy bien qué cosa era otro país pues además de Nicaragua sólo conocía Costa Rica, un país no muy diferente. Además de mi juventud e inexperiencia, desde esa madrugadita mi juicio estaba profundamente afectado, fuera de balance o quizás hasta perdido y andaba como flotando en una nube rosada, naranja y púrpura. Esa madrugada, a eso de las tres y cuarenticinco me había enamorado —a primera vista por supuesto como todos mis enamoramientos— de una manera que hasta entonces no había experimentado, ni en forma ni en intensidad ni en velocidad. Fue asunto de tropezar suavemente con ella en el pasillo del bus, mirar sus ojos en la escasa luz y escuchar esa vocecita suya diciendo en voz bajita “¡Oh, perdón!” y me enamoré, irremediablemente. Le bastaron un par de segundos a esa jovencita delgadita y bella como no había visto nunca, para conseguirse un incondicional, alguien que hubiese hecho cualquier cosa que ella le pidiese. Yo era y sigo siendo quizás, pupilo de la escuela romántica cortapulsos y mi noción del amor y de amar eran más o menos aquellas que las canciones mexicanas nos metían en la cabeza desde la omnipresente radio. Había seguido a mi hermano mayor y sus amigos cuando salían a poner serenatas y suspiraba con aquellas canciones de total entrega y me conmovía con versos como “buscaba mi alma con afán tu alma” y “yo presentí en el mundo tu existencia y como a Dios sin verte te adoré”. Había visto a mas de un hombre grande y fuerte que ya borracho caía víctima de la cabanga y “aturdido y abrumado por la duda de los celos” lloraba como niño de pecho la pérdida de un amor. El amor, había oído yo más de una vez, cuando es amor de verdad, duele cuando se pierde, con un dolor que no tiene comparación. Así me enamoré yo aquella mañanita, con todo el güevo, y así de golpe, empecé a entender los poemas de Neruda que leía en los libros de mis hermanas y las novelas clásicas francesas que mi amigo Adonai, lector insaciable, me prestaba sacándolas subrepticiamente de la enorme biblioteca de su padre.

Aquella mañanita habíamos dejado Rivas a eso de las dos de la mañana, en un bus alquilado que nos llevaría a Rama donde tomaríamos el barco hacia Bluefields. Eramos veinte o veinticinco estudiantes del quinto año de bachillerato acompañados por los dos maestros (uno de ellos era mi hermana) más simpáticos del Instituto Rosendo López. En la Colonia Centroamérica, en Managua, recogeríamos a un grupito de estudiantes del Colegio Cristóbal Colón de Bluefields, que serían nuestros anfitriones en su ciudad. En este grupito venía esta joven que les cuento, que tropezó conmigo como les he contado.

Apenas se subieron las blufileñas (creo que sólo había mujeres) la atmósfera del bus cambió por completo, llenándose de una alegría contagiosa que nos habría de acompañar cada día de este maravilloso viaje. Aquellas cancioncitas románticas, dulcetes y pendejas que veníamos cantando ['tan pequeña es, tan frágil es... sin tí lo sé, yo ya no puedo vivir”] dieron paso a la música vibrante que aquel grupito de muchachos empezó a cantar [“ay, ay, ay, playa bonita y su bello mar”] y acompañar usando como tambores los asientos del bus. Aquella jovencita cantaba, bailaba, reía y con cada cosa que hacía o decía me iba yo enamorando más, me iba idiotizando más y más y dejando en mí una profunda impresión. Se llamaba Gloria Bacon y no era sólo bella, tenía además una gracia como yo nunca había visto hasta entonces ni volví a ver jamás. Este amor —no recuerdo bien si se lo confesé— fue platónico y uni-direccional, como todos los amores míos de aquel tiempo, porque yo era para entonces sólo un teórico del amor y por más que hubiese leído El arte de Amar, Narciso y Golmundo y otros sabios volúmenes —cuyo nombre he olvidado— sobre el tema del amor, era completamente incapaz de llevar la teoría a la práctica: no agarraba nada.